Guilleume Le Gentil
Hoy me he sentido como nuestro amigo Guillaume. Me he venido a Peñascosa cargado con los 35 kg de telescopio y pidiendo espacio prestado para el resto de equipaje en otro coche para poder observar el cometa C/2023 A3 (Tsuchinshan–ATLAS), que según he leído, no vuelve hasta dentro de 27000 años, arriba o abajo.

Esto no acaba bien, ya os lo digo, pero merece la pena saber como fue. Lo mío está por escribir, pues el cometa será visible unos días más, lo de Le Gentil, es digno de película.
Guillaume Joseph Hyacinthe Jean-Baptiste Le Gentil de la Galaisière, que tiene nombre de aristócrata, por la extensión del mismo, era un astrónomo francés de la corte de Luis XV. Durante su carrera como astrónomo se produciría un fenómeno muy inusual, el transito de Venus por el Sol. Este acontecimiento de produce en ciclos de 2 tránsitos en 8 años cada 100 años.

Este astrónomo ya tenia una trayectoria notoria, habiendo catalogado una galaxia, dos cúmulos estelares y una nebulosa que pasarían a ser 4 objetos del catálogo Messier.
Este fenómeno, el del tránsito de Venus, ya se conocía, así que Mikhail Lomonosov organizó una legión de astrónomos repartidos por todo el mundo para hacer mediciones precisas del transito y poder calcular, con los datos obtenidos, la distancia Tierra-Sol, que era necesaria para validar y establecer otros cálculos de parámetros aún desconocidos en la época.
Esta idea venia del astrónomo Edmond Halley, que seguro que os suena. Lo malo es que el cálculo requería de mediciones muy precisas.
El bueno de Le Gentil decidió ir a un dominio francés en la India, Pondicherry. Otros puntos de observación serían Siberia, Madagascar y Terranova. Le Gentil, precavido él, salió de París 15 meses antes del suceso, en marzo de 1760, para asegurarse estar y tener los medios disponibles para la observación. Llegó a la isla de Mauricio a bordo del buque de línea Berryer, una posesión francesa en el Índico, bordeando el cabo de Buena Esperanza, y, desde allí, partir a Pondicherry en la fragata Sylphide. Durante el trayecto, estalló la guerra de los 7 años con Inglaterra, lo que impidió su desembarco, ya que fueron atacados por un barco ingles, y después desviados por un tifón. Decidieron regresar a Mauricio, pero el tránsito el 6 de junio de 1761 los pillo en plena mar, y tuvo que realizar las medidas desde el barco. Éstas no pudieron ser precisas debidas al movimiento de la embarcación y, por lo tanto, inservibles.
Un hombre normal, habría aceptado su destino, pero Guilleume era de otra pasta. Decidió pasar los siguientes 8 años en el índico en espera del siguiente tránsito. “Si los tránsitos vienen de dos en dos, cada 100 años, habría que aprovechar esta oportunidad”, digo yo que pensaría.
Paso ese tiempo cartografiando la costa de Madagascar. Decidió entonces observar el tránsito desde Manila, ya que en Mauricio había coincido con un compañero de estudios, Cayetano de la Lángara, que le animó a ello. Pero los españoles no lo recibieron de buen grado, pensando que era un espía. Le Gentil ayudó a calcular las coordenadas de Manila de forma exacta, para demostrar sus buenos propósitos, pero el gobernador no estaba dispuesto a tener problemas con su presencia.

En este momento tuvo, quizá, la suerte que le había faltado hasta ahora, pues barajó ir a las islas Marianas ha hacer la medición, pero por se también posesión española lo descarto, por fortuna, pues el barco que lo habría llevado, también naufragó. Y digo también, por que un montón de barcos importantes en esta historia, han estado naufragando al tiempo que pasaban todos estos acontecimientos.
Viendo que no tendría mucho apoyo de las autoridades, puso rumbo a Pondicherry, de nuevo, que había quedado en manos francesas tras la paz de París, donde llego en marzo de 1768, quince meses antes del tránsito.
Le dio tiempo a construir un pequeño observatorio. Incluso, los ingleses de Madrás, en la India, le regalaron un telescopio. Teniendo todo preparado para la observación, y tras varios días de tiempo despejado, el cielo permaneció cubierto durante todo el tránsito, impidiendo a Le Gentil hacer una sola medición.
El viaje de regreso, tampoco fue lo tranquilo que este hombre merecía tras la desastrosa expedición. Sufrió un episodio de disentería, que retrasó su salida 9 meses. Aquí existen dos versiones de la historia, una que después soportar una tempestad que le obligo a recalar en la Isla Reunión consiguió que un navío español lo esperara para regresar a Europa. La otra, que cayó por la borda en la tempestad y fue recogido por este navío español. En este trayecto volvió a sufrir un tifón, que rompió mástiles, lo que retrasó aún más su llegada a Cádiz, desde donde tuvo que llegar a Francia cruzando la península ibérica.
Todo el viaje le llevó, en total, 11 años y medio.
Debemos decir, en este punto, que durante su ausencia, ninguna de sus cartas había llegado a su familia o amigos debido a naufragios, a los que antes me he referido, ataques de barcos y las propias peripecias del viaje de Le Gentil. Tras tan amargo viaje llego a su Francia natal, donde descubrió, supongo que con no poco asombro, que ¡había sido declarado muerto!
La Mujer de Le Gentil se había casado de nuevo. Sus bienes habían sido repartidos entre sus herederos y su puesto como astrónomo en el Real observatorio, había sido adjudicado de nuevo. Volvió a Francia para encontrarse sin familia, dinero ni trabajo.

Consiguió, tras varios procesos judiciales recuperar su puesto en el observatorio, aunque no sus bienes, gracias a la intervención del monarca. No contento con esto, ya que estaba en el juzgado, se le acusó de colaborar con el enemigo, por los trabajos realizados en Manila, por aquel entonces, Imperio español.
Finalmente, Guillaume se caso de nuevo y tuvo una hija. Consiguió disfrutar de su familia durante 20 años, suponemos, sin viajes de por medio.
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